Sepa usted que hace unos días bajaba la calle Saragossa cuando me encontré con la siguiente escena: una señora muy mayor limpiaba con disolvente una pintada realizada en la puerta de su garaje. Verla e indignarse era simultáneo: iba ya por el tercer trapo, todo teñido de rojo. Se agachaba e incorporaba con dificultad y jadeaba como correspondía a sus años y a la actividad que estaba realizando.
Poco después, pasada la calle de los Madrazo, sabrá usted que la acera de la derecha se estrecha un muchito. Pues, ¡si lo hubiese visto! ¡El truño más grande que he encontrado en toda mi vida! Estaba ahí, en todo el medio de la acera… “O tú o yo”, le dije… Tuve que continuar por el asfalto.
No sé por qué se me ocurrió que iría siendo hora de que la sociedad civil, tan indignada con las clases financiera y política, empezase a indignarse un poco consigo misma…
Santi Vigo
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