Ayer se habló mucho del escándalo del “catolicismo conservador” por las declaraciones del Papa. Pues bien, hay dos formas clásicas en periodismo de sembrar discordia. La primera es la calumnia; la segunda, la manipulación. De la primera hay protección legal. En la segunda uno puede tomarse más libertades. Primero se deforman las palabras del Papa para ganar la indignación y el odio de la opinión pública contra su persona. Cuando se ve que la Iglesia católica no cede a la presión ambiental y se mantiene en la ortodoxia, entonces se procede a una manipulación más sutil. Se deforman sus palabras para sembrar división en la propia ortodoxia.
Benedicto XVI no ha dicho que sea moral usar el preservativo, sino que su uso en algunos casos es un principio de moralidad. Pone el ejemplo de la prostitución: el “cliente” empieza a pensar que la prostituta es una persona que merece protección. Eso no quita que la Iglesia sostenga, como siempre, que la fornicación y, por tanto, la prostitución, son inmorales. Lo que ocurre es que en ese acto inmoral de por sí, el uso del preservativo es al menos un indicio de iniciación en la virtud, en cuanto se piensa un poco en la otra persona. Es un vestigio mínimo de humanidad en una acción propia de animales.
Santi Vigo.
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