Quería agradecerle, Sr. Puigverd (“El retorno de los bárbaros”, 28/08/2010), que se atreviese a recordarnos que no todo está bien. Pero no quiero que piense usted mal de esa gente. Nunca nadie les ha animado a vivir ninguna virtud. Indolencia, capricho, comodidad, propio interés… Ésa es la guía que nos ofrecen.
Tengo casi 20 años y no quiero que mi alma envejezca tan pronto entre tanto pesimismo y estrechez de miras. Esa visión no responde a la realidad. Alce los ojos un poco y mire: a los jóvenes catalanes que sí estudian o trabajan con la ilusión de sacar adelante el país; a los padres y madres que se atreven a tener hijos y ¡volcarse! en su educación; a esos ancianos que a la vuelta de tantos años ilustran a los jóvenes en el arte de vivir; a todas esas personas que, mirando mucho más allá de la órbita de su ombligo, remueven cielo y tierra para aliviar los males ajenos. Olé por todas esas personas que no se conforman con estar en la tierra y dejar que pasen los años; olé por todas los que cada día hacen bien su trabajo.
Cuando se desanime al ver el percal, mire a esta gente, Sr. Puigverd. Y después de darles las gracias, acérquese al que nunca han animado a moverse y tire de él. Conmigo lo ha conseguido.
Santi Vigo.
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